Existió hace muchos años, tantos como tiene el mundo en sus orígenes, una pequeña flor; era una rosa solitaria, una de las primeras que se formaron y que no tenía aún consciencia de su esencia de rosa.
Despertaba la rosa cada día, después del descanso nocturno, abriendo sus pétalos al mundo, desperezando a la vida que al mismo tiempo que ella, nacía a su alrededor y cada mañana notaba algo húmedo que cubría su cuerpo de rosa. Entre asustada y curiosa se preguntaba qué o quién sería lo que dejaba sobre ella cada mañana ese manto de agua suave, como una ligera caricia...
Empezó a dormir deseando despertarse antes por si lograba ver que sucedía, si alguien se acercaba para humedecerla y nunca lo lograba, siempre despertaba con el sol brillando, apenas un rayo al alba pero ya era tarde; empezaron a formarse más rosas hasta que el horizonte se cubrió de ellas y quiso preguntar si alguna sabía quién las mojaba mientras sol dormía...nadie, ninguna rosa supo responder, parecía que las demás rosas vivían ausentes, volvían su cara cuando ella les hablaba, empezaron a tomarla por loca, "¡una rosa no hace preguntas, solo muestra su belleza, déjanos en paz!" Le increpaban.
Fue pasando el tiempo, un tiempo sin medida ni definición, tiempo...
La rosa empezó a sentir que aunque no resolviera el misterio y no supiera el motivo de porque amanecía empapada de fresca agua, no podía vivir sin esa sensación de abrirse y estar con esas gotas sobre su aterciopelada piel. Se dio cuenta de que sentía amor, un amor más allá de toda lógica, sin explicación, como una inmensa locura. Era amor, lo sabía. Sus noches empezaron a ser una sucesión de sueños, dulces creaciones que su sensible corazón transformaba mientras luna estaba en lo alto, ya no despertaba inquieta, con desazón por no lograr ver....porque ya veía, veía en sus sueños y amanecía feliz, dichosa de ser afortunada, porque estaba segura que ninguna rosa de las que la rodeaban era capaz de sentir, de tener en su interior esa plenitud del amor.
Por otro lado, el rocío sonreía cuando luna le contaba que sol le decía que la rosa estaba enamorada. Él era el misterioso visitante nocturno que cada amanecer cubría a la rosa con un manto de agua de luna. El rocío vivía enamorado de la rosa desde que esta se formó por vez primera. La cuidaba cada noche con los ojos de luna y al llegar la mañana, cuando a sol todavía le quedaban unos minutos de sueño, bajaba a tocar su piel, temeroso de dañar su suave tacto y lloraba, lloraba sobre ella porque la amaba y sabía que jamás la vería despierta, lloraba porque su delicada esencia le embriagaba de paz. Le daba igual que luna estuviera preocupada por la situación, luna, que siempre cumplía su función de llenar de luz la oscuridad, metódicamente y sin fallar una sola noche, no entendía ese amor, para ella era una locura, ¿Cómo el rocío, algo sin forma, sin personalidad propia, que se formaba a raíz de que luna saliera, pudiera enamorarse de la rosa, la reina de las flores, la flor más bonita? El rocío, tajante le contestó a luna que jamás podría explicar ese sentimiento. El amor no se explica, se siente, aunque sea imposible, aunque todo esté en contra, a él le bastaba estar cada noche despierto mirando a su amada, no necesitaba más, ni que ella supiera quién le cubría de esas lágrimas, ni que eran lágrimas de amor, le daba igual que jamás la rosa supiera de su existencia mientras él pudiera bajar cada noche, antes de romper el día y despertar a su rosa con esas lágrimas que nutrían de vida sus pétalos, susurrando dulcemente un ""te amo" que la hiciera despertar....justo cuando él desaparecía. Sabía de alguna manera que llegaría el día en que se cruzarían, qué ella despertaría antes para ofrecer su mejor esencia al jardín, justo el día en que moriría y él llorara sobre sus pétalos y su tallo sin vida. Ese día ella sabría quién le acariciaba cada noche con manos etéreas, con caricias de amor en forma de rocío y sonreiría.
En la vida a veces nos empeñamos en amar lo imposible, alegando todo el mundo que estamos locos, que no es lógico, que jamás funcionará...
Pero solamente quién persigue sus sueños aún en contra de todos, solamente quién cree que ese sentimiento de amor imposible es posible, logra llegar y comprobar que merece la pena, que lo normal o lógico es algo establecido por gentes ilógicas, gentes oscuras y que no conocen el amor, ese que nos mueve y nos empuja a hacer "locuras" y han ido contagiando de sus normas a generación tras generación.
Seré un bicho raro, o los bichos raros serán quién opinen así. Me gusta creer que si sueño y me empeño lo logro, da igual que sea más duro, mejor es la recompensa, ser feliz, sentirme realizada, sentir que lo que quería hacer en mi vida lo he hecho...
El amor es el mayor sentimiento que existe, de el se derivan todos los demás, compasión, dicha, alegría...
La vida es amor o miedo, tú eliges pero si quieres salvarte...ama, ama sin condición, sin juicios ni prejuicios, ama y relaja la mente y la sabiduría te será dada.
En noches difíciles como ésta el amor más inmenso, más puro es el que me mantiene viva y cuerda, el amor a la vida y los sueños por cumplir...
Despertaba la rosa cada día, después del descanso nocturno, abriendo sus pétalos al mundo, desperezando a la vida que al mismo tiempo que ella, nacía a su alrededor y cada mañana notaba algo húmedo que cubría su cuerpo de rosa. Entre asustada y curiosa se preguntaba qué o quién sería lo que dejaba sobre ella cada mañana ese manto de agua suave, como una ligera caricia...
Empezó a dormir deseando despertarse antes por si lograba ver que sucedía, si alguien se acercaba para humedecerla y nunca lo lograba, siempre despertaba con el sol brillando, apenas un rayo al alba pero ya era tarde; empezaron a formarse más rosas hasta que el horizonte se cubrió de ellas y quiso preguntar si alguna sabía quién las mojaba mientras sol dormía...nadie, ninguna rosa supo responder, parecía que las demás rosas vivían ausentes, volvían su cara cuando ella les hablaba, empezaron a tomarla por loca, "¡una rosa no hace preguntas, solo muestra su belleza, déjanos en paz!" Le increpaban.
Fue pasando el tiempo, un tiempo sin medida ni definición, tiempo...
La rosa empezó a sentir que aunque no resolviera el misterio y no supiera el motivo de porque amanecía empapada de fresca agua, no podía vivir sin esa sensación de abrirse y estar con esas gotas sobre su aterciopelada piel. Se dio cuenta de que sentía amor, un amor más allá de toda lógica, sin explicación, como una inmensa locura. Era amor, lo sabía. Sus noches empezaron a ser una sucesión de sueños, dulces creaciones que su sensible corazón transformaba mientras luna estaba en lo alto, ya no despertaba inquieta, con desazón por no lograr ver....porque ya veía, veía en sus sueños y amanecía feliz, dichosa de ser afortunada, porque estaba segura que ninguna rosa de las que la rodeaban era capaz de sentir, de tener en su interior esa plenitud del amor.
Por otro lado, el rocío sonreía cuando luna le contaba que sol le decía que la rosa estaba enamorada. Él era el misterioso visitante nocturno que cada amanecer cubría a la rosa con un manto de agua de luna. El rocío vivía enamorado de la rosa desde que esta se formó por vez primera. La cuidaba cada noche con los ojos de luna y al llegar la mañana, cuando a sol todavía le quedaban unos minutos de sueño, bajaba a tocar su piel, temeroso de dañar su suave tacto y lloraba, lloraba sobre ella porque la amaba y sabía que jamás la vería despierta, lloraba porque su delicada esencia le embriagaba de paz. Le daba igual que luna estuviera preocupada por la situación, luna, que siempre cumplía su función de llenar de luz la oscuridad, metódicamente y sin fallar una sola noche, no entendía ese amor, para ella era una locura, ¿Cómo el rocío, algo sin forma, sin personalidad propia, que se formaba a raíz de que luna saliera, pudiera enamorarse de la rosa, la reina de las flores, la flor más bonita? El rocío, tajante le contestó a luna que jamás podría explicar ese sentimiento. El amor no se explica, se siente, aunque sea imposible, aunque todo esté en contra, a él le bastaba estar cada noche despierto mirando a su amada, no necesitaba más, ni que ella supiera quién le cubría de esas lágrimas, ni que eran lágrimas de amor, le daba igual que jamás la rosa supiera de su existencia mientras él pudiera bajar cada noche, antes de romper el día y despertar a su rosa con esas lágrimas que nutrían de vida sus pétalos, susurrando dulcemente un ""te amo" que la hiciera despertar....justo cuando él desaparecía. Sabía de alguna manera que llegaría el día en que se cruzarían, qué ella despertaría antes para ofrecer su mejor esencia al jardín, justo el día en que moriría y él llorara sobre sus pétalos y su tallo sin vida. Ese día ella sabría quién le acariciaba cada noche con manos etéreas, con caricias de amor en forma de rocío y sonreiría.
En la vida a veces nos empeñamos en amar lo imposible, alegando todo el mundo que estamos locos, que no es lógico, que jamás funcionará...
Pero solamente quién persigue sus sueños aún en contra de todos, solamente quién cree que ese sentimiento de amor imposible es posible, logra llegar y comprobar que merece la pena, que lo normal o lógico es algo establecido por gentes ilógicas, gentes oscuras y que no conocen el amor, ese que nos mueve y nos empuja a hacer "locuras" y han ido contagiando de sus normas a generación tras generación.
Seré un bicho raro, o los bichos raros serán quién opinen así. Me gusta creer que si sueño y me empeño lo logro, da igual que sea más duro, mejor es la recompensa, ser feliz, sentirme realizada, sentir que lo que quería hacer en mi vida lo he hecho...
El amor es el mayor sentimiento que existe, de el se derivan todos los demás, compasión, dicha, alegría...
La vida es amor o miedo, tú eliges pero si quieres salvarte...ama, ama sin condición, sin juicios ni prejuicios, ama y relaja la mente y la sabiduría te será dada.
En noches difíciles como ésta el amor más inmenso, más puro es el que me mantiene viva y cuerda, el amor a la vida y los sueños por cumplir...
