Tu cuerpo es la aurora de un invierno gélido que habitaba en mi sin yo quererlo. Viniste sin verte llegar y tu mirada derritió una vida de infiernos. Probé tu esencia una noche llena de magia, entre notas de AMOR y acordes de sueños, al alba nos fundimos en un beso con sabor a esperanza y saliva de fuego; y ese beso perdura a cada segundo y cada amanecer, como el de hoy, mi memoria se inunda de tu piel ardiente, suave más que las nubes y con aquella entrega que hoy venero. Es tu cuerpo mi templo sagrado, mi refugio de calma cuando acaricio tus labios. Recorro cada curva perfecta de tu pecho y su tacto es el mejor regalo; noto estremecer tu piel cuando rozo mi calor en tu cima de mujer, como si fuese la primera vez que te aman con esa pasión que despiertas en mis sentidos... Y hoy hablo del cuerpo, si, porque así lo siento, porque me acuerdo de él cuando estás lejos. Porque es tu vientre femenino mi lecho, aquél donde deseo irme algún día rumbo al cielo. Y porque hay tanta ...
...No es otra cosa que mi mirada subjetiva e íntima al interior, a mi esencia intacta, a veces desde el desconsuelo, a veces desde la infinita alegria. Mi sentir durante esta busqueda personal de la felicidad. No temo vivir plenamente ni levantarme cada vez que caiga. Seguiré soñando siempre, como la tejedora de sueños que soy, dando lo más auténtico que tengo, mi corazón a cada paso, volando sobre las nubes de un cielo donde la luz brilla siempre e ilumina el corazón...